INVESTIGACIÓN

 

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Tradicionalmente, las escuelas han medido las competencias y habilidades de los niños por áreas temáticas, pero nunca el grado de felicidad a partir de la conexión que logran con los demás.

Medir el lado social y su repercusión afectiva no es sencillo, pero nuestro desafío es que los colegios puedan visualizar qué cambios se producen cuando se educa para la felicidad responsable, cuando se pone el foco en el cerebro social y en las competencias sociales, y cómo esto eleva el entusiasmo por aprender, el asombro ante lo que no saben y la curiosidad por descubrir nuevas rutas de conocimiento.