Innovar en el aula

Los seres humanos estamos biológicamente preparados para tener conexiones sociales positivas. Cuando los niños y los adolescentes son educados para despertar la inteligencia social, y sienten que han sido ellos los que han promovido cambios positivos, la emoción que experimentan es muy fuerte, tanto por los reflejos positivos que reciben de los demás sobre quiénes son, como por el bienestar que experimentan en todos los niveles. Cuando los alumnos son empáticos, aprenden a liberar estrés tóxico, a cooperar, a ser optimistas, a ser amables y altruistas, o cuando aprenden a gestionar sus emociones, a meditar, no sólo se sienten realmente satisfechos consigo mismos, sino que el bienestar que experimentan contagia a otros . Y esto es lo mejor: porque el contagio de la felicidad en las aulas alcanza hasta cuatro niveles en sus círculos de contacto.

Cuando se educa en sintonía con el cerebro, a partir del aspecto social del cerebro, la felicidad se enfoca en perspectiva, no en la gratificación inmediata. En este sentido, las más de seiscientas estrategias de las que constan los programas Happy Schools Institute. Neurociencias y educación para la Paz, y que tienen por objetivo educar para la felicidad, son gran ayuda para quienes comprenden que hoy no se trata de enseñar sólo contenidos, sino que los docentes enseñan a sus alumnos un modo de ser, de entender el mundo e interactuar en él.