Cápsula de aprendizaje 2: El cerebro social y la competencia matemática

Científicos de Birkbeck, Universidad de Londres y de la Universidad de Padua, en Italia,  han observado en bebés de unas horas de edad un área del cerebro que responde a la interacción social en adultos. A las pocas horas de nacer el cerebro social ya es capaz de discernir entre un juego social o el hecho de manipular un objeto (no social).

Ya desde tan temprana edad se despierta en nosotros la necesidad de relacionarnos con nuestros iguales y con el mundo que nos rodea. Y es a través de ésta relación social mediante la cual aprendemos y tenemos aprendizajes significativos.

El currículum de primaria ha ido evolucionando para envolver esta capacidad que tiene nuestro cerebro e incluirla en las competencias. El objetivo de las matemáticas hace tiempo que ha dejado de ser únicamente aprender los algoritmos de sumar, restar, multiplicar y dividir, va más allá. La competencia matemática implica la habilidad de entender, utilizar y relacionar los números, sus operaciones básicas, los símbolos y las formas de expresión y razonamiento matemático, ya sea para producir e interpretar distintos tipos de información, como para ampliar el conocimiento sobre aspectos cuantitativos y espaciales de la realidad, y para entender y resolver problemas y situaciones relacionados con la vida cotidiana y el conocimiento científico y el mundo laboral y social.

Partiendo de este hecho, en el momento de planificar las actividades con nuestros alumnos debemos iniciar la actividad de aprendizaje en una experiencia donde se potencie el altruismo, la compasión y la empatía. Porque lo que potencia el aprendizaje es la participación del sujeto en su propio proceso de aprendizaje.

Con este punto de partida os propongo una nueva técnica para trabajar la división con nuestros alumnos de ciclo superior de primaria.

Estamos en clase de matemáticas y queremos trabajar la división.

Podemos empezar planteando una actividad en la que nuestros alumnos deban implicarse para ayudar a otros más pequeños.  Por ejemplo, deben ayudar a los niños de P3 a hacer galletas. Se les proporcionan materiales e ingredientes fácilmente divisibles. Por  grupos se les pide que  intenten solucionar el problema planteado y pasado un tiempo prudencial lo ponemos en común.  En grupo se discuten las diversas opciones y se escoge la que creamos mejor y se reparte el material y los ingredientes para ir a hacer galletas con  los pequeños de tres años. Una vez de vuelta a nuestra aula ya podemos empezar a hablar del concepto de la división aplicado a la vida cotidiana, con el ejemplo de la  propia experiencia. El  concepto de repartir que nos da la división ya lo habrán adquirido.

¿Qué habremos conseguido?

Al terminar la actividad habremos conseguido que nuestros alumnos:

  • Comprendan el valor de los números (en la receta, en el número de objetos que necesitamos, etc)
  • Interpreten el valor de los números en textos de la vida cotidiana (no es lo mismo 2 kilos de azúcar que 2 gramos).
  • Ordenen, escriban, comparen.
  • Usen instrumentos de medida.
  • Piensen, razonen, hagan hipótesis.

Si los alumnos no piensan y no viven, no aprenden.

Autora: Noemí Palacios